La tropa de Vinicius sigue viva en el Mundial. Foto: ESPN
Misael Salazar F.
Las piernas y el cerebro de un jugador brasileño llamado Gabriel Martinelli, quedaron costando mucho dinero este lunes, luego que metiera a Brasil en los octavos de final.
El partido parecía condenado a la prórroga, quizás a los penales, pues solo se esperaba el pitazo del árbitro para terminar con el tiempo de adición e irse al periodo de alargue reglamentario.
Corría el minuto 90 más 5 de estiramiento arbitral. Un descuido de la defensa japonesa, un pestañeo del encargado de marcar a Martinelli, dejó en libertad al brasileño y este, con apenas una diminuta hendija, soltó el rifle para salvar a la cinco veces campeona del mundo y enterrar a una selección japonesa que había dado signos de buen futbol y grandeza deportiva.
Kaishu Sano, el japonés, había adelantado a su equipo con un disparo rasante a donde no alcanzaron las largas manos del arquero brasileño y comenzó la lucha de los quinta campeones por igualar un partido que parecía dejarlos sin el resto del Mundial de Fútbol.
Con ese marcador en contra, los de Ancelotti se fueron al descanso. Pero al regreso, Casemiro se encargó de empatar el partido y comenzó la agonía brasileña para lograr el gol que los mandara directo a los octavos y les evitara la prórroga y tal vez la batalla en los puntos penal donde la suerte se vuelve ama y señora.
Ya todo parecía escrito. Irían al alargue, pero aún faltaba algo: el descuido de la defensa japonesa y la frialdad enorme de Martinelli para clavar un balón en un minuto fatídico, definitivo y lapidario.
Japón se despidió del Mundial. Brasil avanza dejando muchas dudas, muy notables en un equipo que ha ganado 5 copas del mundo y que, por ese mismo palmarés, aspira ganar la sexta o ser protagonista del máximo torneo orbital al que hoy acudimos casi todos los habitantes de este planeta.
Millones, muchos millones amanecemos y nos acostamos con un balón, símbolo de la redondez de la Tierra. Es que el balón es nuestro lugar común, en donde todos nos apiñamos para cantar el gol y celebrar o lamentar nuestras preferencias.
Como quiera que sea, Brasil ya está en los octavos de final.
