Ellas son Pepa y Lucy, dos mujeres de La Cumbre que juegan al fútbol con el alma. Foto: Ciudad Florida
***La Cumbre sabe que “Pepa” y “Lucy” son unas gladiadoras del fútbol y que “jugando” con el alma, han salvado muchos niños y jóvenes de las tempestades.
Misael Salazar F.
No recuerdan cuándo se conocieron.
Intuyen que fue hace mucho tiempo, porque Pepa calcula que con Lucy han visto pasar unos 40 años entre las canchas polvorientas de La Cumbre y Villa Alcázar, siempre tratando de sembrar el fútbol entre los niños y anhelando que por allí aparezca una estrella.
Es muy probable que en el barrio La Cumbre no las conozcan por sus nombres de pila. Pero todo el mundo sí sabe quiénes son Pepa (Emperatriz Ardila) y Lucy (Lucila Marín), dos mujeres ya maduras que junto al líder social y dirigente deportivo Pacho Valbuena, han sembrado el fútbol en la populosa barriada.
Ambas conducen las riendas del Independiente La Cumbre, un club de fútbol al que le han dedicado muchos de sus años productivos. Ellas saben lo que es untar de polvo sus zapatos o buscar aquí y allá para los uniformes, la logística y los viajes a participar en intercambios deportivos.
Solo Pepa y Lucy intuyen cuánto intenso sol han soportado sobre su rostro, cuánta lluvia ha empapado su cuerpo, cuánto sollozo derramado por sus mejillas, cuántas sonrisas de alegría por los triunfos conseguidos.
Perdieron la cuenta de las veces que han apretado sus dientes ante un gol fallido o en cuántas oportunidades han suspirado allá, en lo profundo de sus almas, cuando se les atraganta la victoria y no pueden acudir a la celebración reservada para los héroes.
Pero tienen otra gran virtud estas dos mujeres: También perdieron la cuenta de las oportunidades en que han tenido que bajar la testa, secarse las lágrimas en la intimidad de su regazo, levantar la cara y, como Bolívar, como Alejandro Magno o como Aníbal, comenzar de nuevo, siempre hay que saber comenzar de nuevo.
Para Pepa y Lucy la vida no es otra cosa que una sucesión de batallas donde se recogen trofeos o donde uno se resigna ante aquél que tiene el turno de levantar la copa, porque por un instante fue más que nosotros, respiró más profundo y se sacudió en una especie de último aliento para acariciar la victoria y celebrar el éxito.
A estas dos mujeres les debe bastar conque La Cumbre y sus alrededores, saben que son unas gladiadoras del fútbol y que “jugando” con el alma, han salvado muchos niños y jóvenes de las tempestades. El fútbol les ha servido de talanquera y la talanquera la han levantado estas dos damas que llevan el fútbol en el mero tuétano de sus huesos.
