Desde lo alto de Floridablanca, en esas lomas que parecen tocar el cielo, se ha levantado durante 75 años un barrio que no nació por decreto, sino por voluntad. Un territorio construido con las manos, el sudor y el corazón de miles de familias que decidieron hacer de La Cumbre su hogar, su escuela, su esperanza.
Este es un homenaje a esa historia que no aparece en los libros, pero que vive en cada calle empinada, en cada tienda de esquina, en cada abrazo de vecino. Porque La Cumbre es mucho más que un barrio: es un símbolo de resistencia, de organización comunitaria, de cultura viva y fe inquebrantable.
Celebramos al cumbrero y la cumbrera, al que llegó primero y al que sigue llegando, al que ha crecido entre matachines, partidos en la cancha, ferias de emprendedores, procesiones, sobanderos, líderes sociales, maestras que dejan huella y comerciantes que no bajan la guardia.
Aquí no hubo urbanizadores, pero sí hubo sueños. Aquí no hubo planos, pero sí una visión colectiva de futuro. Aquí no hay olvido, porque cada quien guarda un recuerdo que merece ser contado.
Gracias a todos los que han hecho parte de la edición impresa de Ciudad Florida que hoy comienza a circular como homenaje a La Cumbre y a los cumbreros, a los que creen en el poder de la palabra impresa para dejar huella. Porque los 75 años de La Cumbre no solo se celebran: se sienten, se recuerdan y se siguen escribiendo… desde arriba, como siempre, con orgullo cumbrero.
