El Pipe Zarruk, egresado del Colegio de Santander, recordó parte de sus historias y sus anécdota. Foto. Héctor Henández Mateus
Héctor Hernández Mateus
Es el Colegio de Santander, el glorioso por sus avances que desde su fundación (1.935) ha dado en servicio a la gente más necesitada del área metropolitana de Bucaramanga.
Se registran las primeras matrículas gratis recibidas, en 1936, para alumnos de 1, 2, y 3 año de bachillerato, funcionando en la carrera 12 con calle 42, en la Escuela de Artes y Oficios Dámaso Zapata, frente al coliseo Peralta.
Con cerca de nueve décadas aportando a la educación, se puede colegir que los hoy profesionales y hombres y mujeres de empresas recuerdan la época colegial, cuando el mundo está a los pies del jovenzuelo y se tiene la avidez de adquirir conocimiento para forjar un futuro sólido, junto a la idealizada familia.

Parte de los egresados del Colegio de Santander reunidos para celebrar y recordar. Foto: Héctor Hernández Mateus
Registramos, en esta nota, la reunión de integración de la promoción del año 1.972, que tuvo la intervención del periodista y columnista El Pipe Zarruk, como se le conoce en todos los estamentos. Historias y anécdotas narradas por este personaje, sobre hechos del glorioso, hicieron la amenidad de los concurrentes, que en número significativo degustaron las delicias del restaurante Tony, uno de los más tradicionales de nuestra capital santandereana.
Con la coordinación de Rosa María Higuera Ardila, un grupo de entusiastas egresados compartió momento de recordación de las vivencias que son el sentir de una juventud siempre inquieta por conquistar el mundo. Hoy recuerdan las metas alcanzadas, los sinsabores vividos, pero igual las alegrías de haber sido formados, en la institución educativa más reconocida oficialmente, en el país.

El encuentro fue ameno y lleno de anécdotas. Foto: Héctor Hernández Mateus
Se desempeñan o se desempeñaron en diferentes actividades profesionales, como ingeniero civil, contador, médico, administrador de empresas, funcionario público, químico, juez de la república, abogado, exitoso empresario, notario… en fin, siempre con dignidad por su orgullo en familia y de la patria. Hoy la gran mayoría disfrutan lo sembrado, entre ello a los nietos; a quienes tal vez les contarán las pilatunas que hoy son motivo de risas.
Que interesante que en la última etapa de nuestras vidas, nos reunamos para servir a quien lo requiera, siendo de esta forma gratos con los dones recibidos, porque es una de las funciones de este selecto grupo de santandereanos, favorecer a quien lo necesita de sus excompañeros y además colaborar con jóvenes que tienen dificultades de ingreso a la institución educativa superior, especialmente a la UIS. Es por lo tanto un modelo de lo que debe ser la vida en comunidad: progresar, servir y ser solidarios.
Esperamos que vengan muchos encuentros de este núcleo de la sociedad y así poder disfrutar en sano esparcimiento, un momento fugaz de nuestro efímero existir.
