Maduro hace uso de la alta diplomacia en plena tensión con Estados Unidos. Foto: Infobae
Misael Salazar F.
En medio de la crisis y la tensión, producto del acoso del gobierno de los Estados Unidos, Nicolás Maduro parece moverse con eficiencia diplomática para soportar el temporal.
En menos de un mes, el presidente venezolano ha dialogado por teléfono con Donald Trump, Vladimir Putin y el mandatario de Bielorrusia Aleksandr Lukashenco. Igualmente mantiene contacto permanente con Daniel Ortega en Nicaragua, con el gobierno de Cuba, con Lula Da Silva y guarda extrema prudencia con Gustavo Petro.
La conversación telefónica con Trump fue muy corta, 15 minutos a lo sumo. Pero, al fin y al cabo, fue capaz de hablar con su archienemigo principal en estos momentos de alta tensión entre ambos países.
El diálogo con Vladimir Putin, el miércoles pasado, fue de otro calibre por razones obvias: Rusia es un aliado de Venezuela y Putin lo es de Nicolás Maduro. Al final del dialogo, Putin le expresó al mandatario venezolano su respaldo en la defensa de la soberanía venezolana amenazada por Donald Trump.
Y en menos de 17 días, Maduro, a través de su embajador en Rusia, Jesús Rafael Salazar Velásquez, ha dialogado en dos oportunidades con Aleksander Lukaschenko, presidente de Bielorrusia.
Los analistas consideran que el hecho de que Maduro se esté moviendo en la alta diplomacia, tiene dos objetivos: Uno, preparar el terreno para radicarse en algún país, previo acuerdo con Estados Unidos. Dos, buscar aliados fuertes y numerosos para detener a Donald Trump en su intento de derrocarlo del poder, tal como parece ser el objetivo del republicano.
Sea cual sea el escenario, el desenlace aún no parece tan cercano. Faltan muchos movimientos estratégicos de lado y lado, antes de que sepamos en qué va a parar esta crisis entre Estados Unidos y Maduro y sus aliados estratégicos.
