Edgar Eduardo Osma
Misael Salazar F.
Al filósofo Edgar Eduardo Osma Díaz no lo volveremos a ver en las inmediaciones del parque principal de Floridablanca.
Este lunes, a las 11 de la mañana, las autoridades del Hospital San Juan de Dios de Floridablanca, notificaron a sus familiares y amigos, que el autor de la Sinfonía del Olvido, un texto de 24 poemas, falleció tras padecer una enfermedad hereditaria conocida como el Síndrome de Huntington.
Caracterizada por el proceso degenerativo de algunas células del sistema nervioso, la enfermedad hizo que Eduardo Osma, filósofo de la UIS, perdiera el control motriz, por lo que caminaba con torpeza y llegó a perder la moderación, el caminar sereno y la tranquilidad que proporciona el hallarse en plenitud de condiciones.
Hoy, este florideño que se dedicó a la poesía, la filosofía y la escritura, que llegó a frecuentar las aulas de la UIS y que prometía ser un joven estudiante con gran talento, ya es historia.

Edgar Eduardo Osma
Se lo tragó una enfermedad que fue minando todas sus capacidades.
En el último tramo de su recorrido terrenal, el periodista Ramiro Triana y otros amigos hicieron lo posible hasta internarlo en la Fundación “Con Cristo me basta”, a objeto de garantizarle un nivel de vida distinto a la calle y la interperie.
Y mejoró bastante el poeta. Pero el 15 de enero desapareció y terminó soportando frio y aire, a merced de la inclemencia de la calle, en un sector de Lagos II donde pernoctó durante tres días. Lo hallaron exhausto, sin fuerzas y con un feroz ataque de neumonía, que finalmente lo condujo a la muerte.
A quien pregunte por Eduardo Osma Díaz, le diremos que se lo llevó la muerte cuando apenas contaba con 46 años de edad. Que prometía ser un poeta consagrado y un filósofo que estudió a Séneca, Espinoza, Descartes, Aristóteles, Platón y muchos otros. Que de tanto bregar con la enfermedad que lo acosó temprano, terminó en la calle viviendo de la caridad pública y finalmente, careciendo de raciocinio o consciencia por el deterioro de su cuerpo, entregó su alma el 27 de enero de 2025.
Ya no lo veremos más en el parque, ni en la fundación “Con Cristo me basta”, ni en los vericuetos íntimos donde quedó confiando producto de su enfermedad degenerativa.
Se marchó a otros mundos, donde quizás, en la quietud de los espacios terrenales superados, pueda dar rienda suelta a su poesía, y su filosofía, como lo anheló cuando ingresó a las aulas de la UIS tratando de entender la naturaleza humana y todas sus profundidades, porque para algo debe servir la filosofía después de haber atravesado los linderos de la vida.
