José Alfredo Marín envía un saludo de navidad a los santandereanos y muy especialmente a los florideños. Foto suministrada
Martín Parra
José Alfredo Marín Lozano, nacido en Floridablanca, construyó su carrera desde el ámbito regional hasta llegar al Senado de la República, donde representó a Santander en un periodo marcado por tensiones profundas en torno a la salud, el trabajo y la seguridad social. Desde la Comisión Séptima, su paso dejó una impronta de disciplina, cercanía territorial y una narrativa política anclada en la gestión y el diálogo.
Lejos del ruido legislativo, Marín ha mantenido contacto permanente con líderes comunales, empresarios y sectores sociales del departamento. En ese ejercicio silencioso, pero constante, su nombre siempre aparece en conversaciones sobre el futuro regional, haciendo referencia de él, como un actor con capital político propio, con experiencia y conocimiento del territorio.
“Quiero desearles unas felices fiestas a todos los santandereanos, y de manera muy especial a los florideños, mi tierra, el lugar donde aprendí el valor del trabajo, la palabra y el servicio”
“Santander es mi casa y Floridablanca es mi raíz”, ha dicho en más de una ocasión. Y en su mensaje navideño dirigido a la ciudadanía, el exsenador aprovechó para enviar un saludo cargado de cercanía:

“Quiero desearles unas felices fiestas a todos los santandereanos, y de manera muy especial a los florideños, mi tierra, el lugar donde aprendí el valor del trabajo, la palabra y el servicio”.
Ese tono —más humano que grandilocuente— ha sido una de sus marcas. Quienes lo conocen destacan su capacidad para leer los tiempos políticos y su disposición a construir procesos a mediano plazo, sin afanes electorales inmediatos, pero sin renunciar a las opciones que el futuro pueda abrir.
Hoy, José Alfredo Marín Lozano no ocupa un cargo de elección popular, pero sigue ejerciendo liderazgo. En política, a veces el poder no está en el micrófono, sino en la capacidad de mantenerse vigente, coherente y conectado con la gente. Y en Santander, su nombre —todo indica— tiene capítulos por escribir.
