Cada vez las mujeres reclaman más poder de decisión. Hoy es una buena oportunidad para avanzar. Foto: Archivo
Darlin Ramírez Leiva
El Día Internacional de la Mujer no es una celebración. Es una fecha de memoria colectiva y se conmemora porque debería recordarnos la lucha histórica que las mujeres han librado para conseguir derechos básicos que durante siglos nos fueron negados, como la educación, el trabajo digno, la participación política y el voto.
Cada derecho conquistado por las mujeres, ha sido producto de movilizaciones, debates, resistencias y hasta muertes. ¿Cómo se puede celebrar que mujeres han perdido la vida pidiendo los mismos derechos que los hombres o que todos los días las asesinan por el simple hecho de ser mujeres?
1.957: Solo en este año las mujeres pudieron votar
Que este 8 de marzo coincida con las elecciones al Congreso, no es un dato cualquiera. Hasta la democracia tiene una deuda pendiente con las mujeres.
Aunque hoy votamos, este derecho sólo fue reconocido para nosotras hasta 1954, mientras que los hombres han votado desde la Independencia.
Y pese a los casi 70 años que tenemos votando -porque realmente ejercimos el derecho en 1957– aún enfrentamos brechas en representación política, violencia basada en género y barreras económicas que limitan nuestra participación.
Este 8 de marzo (8M), menos regalos y más respeto, más lucha, más poder y muchos más votos femeninos, porque conmemorar este día implica reconocer que la igualdad no debería ser sólo un discurso, sino una realidad diaria; y también, implica preguntarnos cuántas mujeres llegarán al Congreso, cuántas impulsarán leyes para garantizar nuestros derechos y cuántas agendas seguirán ignorando nuestras realidades.
El 8M es un día para recordar que cada vez que una mujer vota, lleva consigo la fuerza de sus pares, de sus amigas, de sus compañeras y de sus ancestras.
El 8 de marzo no se celebra. Se conmemora. Se vota.
