Misael Salazar F.
Este martes, 28 de julio, se informó desde Bogotá de la muerte de Plinio Apuleyo Mendoza, quizás el más entrañable de los amigos del Nobel colombiano, Gabriel García Márquez.
Diplomático, escritor y periodista, Plinio Apuleyo Mendoza, nacido en Tunja hace 94 años, es el autor de muchos libros y novelas, pero, sobre todo, es el reconocido autor de “El olor de la Guayaba”, un extenso y riquísimo diálogo con el también periodista y escritor colombiano más importante, Gabriel García Márquez, “Gabo”.
El mundo periodístico y literario colombiano y latinoamericano, siempre dio por hecho que entre Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez, había más que una relación nacida en el periodismo y la literatura. El tunjano y el caribeño, fueron protagonistas de una amistad probada en los campos de batalla más hostiles y tanto el uno como el otro se recordaban como una especie de talentos inseparables, casi que necesarios el uno para el otro.
Pudiéramos decir que, la mayoría de la obra literaria de García Márquez, pasó por las manos de Plinio Apuleyo Mendoza, antes de llegar a la imprenta de forma definitiva para convertirse en texto.

El inolvidable libro de Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez, «El olor de la Guayaba»
Si prolija y abundante fue la producción literaria de García Márquez, no menos fue la de Apuleyo Mendoza. Ganador del Premio Plaza y Janés con su obra “Años de Fuga”, Apuleyo Mendoza fue también el autor de El Desertor, Primeras Palabras, La Llama y el Hielo y el ya citado “El olor de la Guayaba”.
Como ensayista, también se destacó y mucho Plinio Apuleyo Mendoza. Junto a Alberto Montaner y Mario Vargas Llosa, escribió El Manuel del perfecto idiota Latinoamericano, además de El Regreso del Idiota y Fabricantes de Miseria.
Luego de sobrevivir a un atentado con una carta bomba por parte del Ejército de Liberación Nacional (ELN), el nacido en Tunja escribió “Aquellos tiempos con Gabo”, una especie de oda a la amistad que ambos se profesaron.
Ya deben estar juntos en el cielo, hablando de literatura, periodismo, diplomacia y de los vientos que corren por las laderas boyacenses y la brisa que emana del mar para bañar un pueblo que en la prodigiosa imaginación de “El Gabo”, llegó a perpetuarse en el imaginario latinoamericano como Macondo.
