Gerardo Martínez Medina, un florideño raizal acaba de marcharse a otras latitudes. Foto: Florida toda una vida
Misael Salazar F.
El viernes, 4 de agosto, Gerardo Martínez Medina decidió que ya no pertenece a este mundo.
Su alma bullanguera se marchó tras otras latitudes y dejó perplejos a sus paisanos florideños que siempre lo veían tirando paso con Fruko, con Guayacán Orquesta, con los merengueros o con la música que Jorge Veloza convirtió en un himno colombiano: La carranga.
La glorieta del parque principal de Floridablanca, que ya no existe, fue testiga muda de cuántas suelas dejó Gerardo en sus ladrillos.
Video de Gerardo Martínez Medina suministrado por Fabio Calderón de Florida toda una vida
Era un buen bailador Gerardo. Nunca se preocupó por si tenía pareja. Lo suyo era dejar que su cuerpo danzara al sonido de la música. Que su alma vibrara con los acordes del acordeón, la trompeta o el requinto.
Lo de este florideño raizal era la danza, el ritmo, la melodía, la música en toda su magnitud. Tenía perfectamente claro, sin ser musicólogo, que la música es parte esencial de la existencia humana. Sentía que su alma despertaba cada vez que escuchaba la melodía y su cuerpo se erizaba con el son, la salsa brava de Héctor Lavoe o Henry Fiol, la cumbia, el mapalé o el carrango que le da sentido a la vida de quienes habitan el inmenso y productivo campo colombiano.

Últimamente, la testa de Gerardo tenía problemas. Su cerebro no coordinaba bien del todo y terminaba insultando a sus paisanos cuando se atrevían a dirigirle la palabra.
Pero en sus momentos lúcidos Gerardo era un señor. Hacía favores. Resolvía problemas. Colaboraba. Le daba sentido a la convivencia humana.
Siempre se le veía cabilando en sus soledades, como midiendo el tiempo, como gravitando en mundos habitados por otros seres, como queriendo despegar de esta, su tierra, convencido, quizás, que en otros territorios siderales la vida es más bonita, más llevadera, más eterna.

Gerardo Martínez Medina, el florideño que acaba de marcharse a otras latitudes. Foto: Florida toda una vida
El caso es que Gerardo Martínez Medina ya no es un ser de este mundo. Sus últimas pisadas y respiros por el atrio de la iglesia San Juan Nepomuceno, las dio el jueves en la noche, quizás en la madrugada, porque el viernes 4 de agosto amaneció sin ser de aquí.
Con el último tinto del jueves en la noche, Gerardo Martínez le dijo adiós a todo. Nos queda el recuerdo de su baile estilizado, su cabeza blanca, su rostro moreno y su dentadura insuficiente.
La soledad se ha quedado sin pareja para el baile.
