Martín Parra
En el HIC Instituto Cardiovascular de Bucaramanga, las paredes guardan historias que conmueven y transforman. Entre ellas, la de Juan David Galindo, un joven de 16 años que, contra todo pronóstico, ha desafiado la fragilidad de la vida con una fuerza que solo puede nacer de un corazón lleno de esperanza, o, en su caso, tres.
Un diagnóstico que marcó el inicio del viaje
En Jenesano, un pequeño municipio de Boyacá, Juan David nació con un corazón que pronto se revelaría insuficiente. A los tres años, un diagnóstico de miocardiopatía dilatada genética sacudió la tranquilidad de su familia. Esta condición, que debilita el músculo cardíaco y afecta su capacidad para bombear sangre, se convirtió en el desafío que definiría su vida.
Cuando los recursos locales se agotaron, su madre, Diana Gordillo, lo llevó al HIC en Bucaramanga, un faro de esperanza para quienes buscan lo imposible. Ahí comenzó una travesía que incluía un hito histórico: en 2012, Juan David se convirtió en el primer niño en Colombia en recibir una asistencia ventricular izquierda, un paso crucial hacia los trasplantes que estaban por venir.

Los golpes de la vida y la primera oportunidad
Pero el camino no estuvo exento de pruebas. Antes de ingresar a la lista de espera para un trasplante, un accidente cerebrovascular isquémico lo dejó temporalmente ciego, mudo y sin movilidad. Diana, quien había perdido a otro hijo por la misma enfermedad, no se rindió. «Mientras haya una chispa de esperanza, seguiré luchando», dijo entonces.
Esa chispa se materializó en 2012, cuando Juan David recibió su primer trasplante de corazón. Con el nuevo órgano latiendo en su pecho, pudo volver a la escuela, jugar y experimentar una niñez que hasta entonces había sido esquiva.
Un segundo corazón y una nueva batalla
Los años trajeron alegría y estabilidad, pero también nuevos retos. En 2022, el corazón trasplantado comenzó a fallar. El rechazo crónico amenazaba con apagar su vida. Los médicos del HIC decidieron que un segundo trasplante era imprescindible. «Si es para vivir más tiempo, hagámoslo», declaró Juan David con una valentía que sobrecoge.
En marzo de 2023, un nuevo donante compatible marcó el inicio de otro capítulo. La cirugía fue un éxito, aunque el camino de la recuperación estuvo plagado de complicaciones. Hoy, Juan David asiste al colegio, sonríe y sueña con un futuro que parecía imposible.
El papel de los ángeles en el camino
Detrás de cada latido de Juan David hay una red de apoyo inquebrantable: su madre, los médicos del HIC y las familias donantes. «Este hospital lo llevo en el corazón. Cuando nos dijeron en la capital que no había opciones, el HIC nos devolvió la esperanza. Han sido tiempos difíciles, pero también hemos tenido muchos ángeles», comparte Diana Gordillo, quien sueña con un hogar digno y oportunidades para asegurar el futuro de su hijo.

Un mensaje de solidaridad
El Dr. Javier Mauricio Castro Monsalve, jefe del Programa de Falla y Trasplante Cardíaco Pediátrico del HIC, destaca que casos como el de Juan David son posibles gracias a la donación de órganos. «Cada trasplante es un testimonio de vida y solidaridad. Hablar de la donación con nuestras familias es un acto de amor que trasciende generaciones».
El legado del HIC
Desde 2004, el HIC ha realizado 276 trasplantes de corazón, 63 de ellos en niños, consolidándose como un referente en cardiología pediátrica. Este hospital santandereano, reconocido entre los mejores de América Latina, sigue escribiendo historias de esperanza y transformando vidas.
Una lucha que inspira
Juan David Galindo, el joven de tres corazones, es más que un paciente: es un símbolo de resistencia y fe. Su historia nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, el corazón humano —literal y metafóricamente— tiene una capacidad infinita para renovarse y seguir adelante. Como dice su madre, «Mientras haya esperanza, seguiremos luchando».
- Esta crónica se elaboró con base en un boletín de prensa del Complejo Medico Fundación Cardiovascular – FCV /Hospital Internacional Colombia – HIC.
