Misael Salazar F.
La noche es muy larga y divertida como para dedicarse solo a mezclar música.
Eso fue lo que pensó el DJ que, en principio, solo trabajaba regalando música en los eventos sociales y nocturnos en los barrios La Cumbre, Santa Ana y El Carmen del municipio de Floridablanca.
Notó el mezclador de ritmos, mirando a los bailadores en los ágapes noctámbulos, que allí no sólo se movía el esqueleto ni se libaba licor. También se consumían en las fiestas, confites y otras sustancias de comercialización ilegítima.
“Diego Mix” era su nombre comercial. Y no lo pensó dos veces para iniciar el tránsito entre la legalidad (la música) y el negocio delictivo (la droga).
Se propuso caminar en la maroma: Con un pie firme y otro en el aire. Mezclaba música y comercializaba sustancias prohibidas. Empezó a jugar como sus clientes, que bailaban (era lo no prohibido) y consumían sustancias sicotrópicas (se movían en el mundo de lo ilegal).
Como los trapecistas del circo, Diego Mix y sus compinches vivieron un tiempo jugando a la ruleta, entre lo bueno y lo malo, entre la oración y el pecado.
Pero la buena suerte cambió un día. La policía se enteró que algo turbio se movía en el circo donde trabajaban el DJ y sus amigos de andanzas al margen de la ley. Olieron sus bolsillos, les siguieron los pasos. Preguntaron por ellos en las barriadas que frecuentaban. Infiltraron piezas humanas en las parrandas de Diego Mix. Empezaron a seguirlos como el carcelero al presidiario peligroso.
Finalmente se rompió el trapecio y los maromistas cayeron al piso, que es como caer en la desgracia.
Los sabuesos fueron a recoger lo que quedaba de la carpa destrozada y para mala suerte de los trapecistas, se llevaron a los perros cuyo olfato está preparado para detectar el delito.
Había droga en la cresta de la carpa. En las uniones del destrozado trapecio. En las maletas de los malabaristas. En fin, hallaron droga en todos los lugares hasta donde llegó el malintencionado olfato de los canes, expertos en conseguir cosas que los humanos no detectan. El balance final: 6 allanamientos, 60 gramos de bazuco y 90 dosis de marihuana incautados. Adicionalmente, hallaron municiones para armas de fuego y dos licuadoras donde mezclaban, no música, sino sustancias para preparar la droga. Ello sirvió para judicializar al DJ y sus compañeros de orquesta.
Al parecer, por ahora, se acabó el circo. Los malabaristas se cayeron del trapecio.
(La foto que ilustra la nota fue tomada de Vanguardia)
