Héctor Hernández Mateus
Recientemente fue promulgada la ley 2161 del 26 de noviembre de 2021, especialmente en su artículo 143, para buscar agilizar la movilidad y evitar los trancones o tacos en nuestras ciudades.
Vale la pena decir que su contenido es altamente rico, en lógica por la práctica, debiendo solamente decir que es otro saludo a la bandera, como muchas leyes que existen, ya que se requiere avanzar en una cultura de compromisos de adquirir los seguros, de la conciliación, pero especialmente de compromiso personal, en conciencia de responsabilidad, por una distracción o falta al código de transporte, es decir, es una ley para otro país.
Sucede porque se dictan normas inconsultas con los verdaderos actores del tema, empezando por las autoridades reguladoras, las escuelas de formación de aspirantes a ser conductores, organizaciones de usuarios, es decir, lo fundamental de todo proceso regulatorio en un tema tan álgido y de cotidianidad marcada, como es la movilidad en cualesquiera de sus formas.
En diálogo con personas vinculadas al servicio público, manifestaron la duda frente a la aplicación de retiro voluntario de vehículos, luego de cumplido el protocolo de captación de fotografías idóneas para reclamación posterior.
Dicen que ha sido complicado aun con el llamado croquis que se levantaba, y las agresiones tanto verbales como físicas por parte de alguno de los implicados, ya que la afectación por el hecho de ver el daño a un bien, que muchas veces valoran más que su integridad física, hace se cometan improperios.
En un país acostumbrado a arreglar mediante hechos violentos, donde el diálogo y la figura de la conciliación es desconocida, bien complicado encontrar receptividad en las siempre más congestionadas vías públicas, las que no aumentan en proporción al nuevo parque automotor que diariamente rueda, y en el peor de los casos, ciudades como Bucaramanga, donde nos arrebataron importantes vías para un negocio particular y para un adefesio llamado: ciclo rutas.
La ley busca en trasfondo aumentar ingresos por venta de seguros, otra cultura que no tenemos la mayoría de colombianos, con el ítem de lo parsimonioso que es el resultado de reclamaciones de las empresas prestatarias del servicio, a quienes solo interesa la venta para obtener su bonificación, pero los desembolsos tienen muchos tropiezos.
Si con documentos firmados en actas de compromiso, muchas veces se incumple, como será cuando solo media el valor de la palabra; tal vez unos pocos hacemos honor a ella, pero se ha ido diluyendo en las nuevas generaciones.
