Vista panorámica del majestuoso Museo del Cambio Climático de Floridablanca. Foto: MUCAF
***A 8 kilómetros del casco antiguo de Floridablanca se halla el único Museo del Cambio Climático de Suramérica. Allí está la clave para salvar el planeta: La educación ambiental
Misael Salazar F.
En julio del 2023 hemos vivido los días más calurosos del planeta en toda la historia humana, como consecuencia del cambio climático.
Esa es la realidad que nos muestran los reportes desde Phoenix (Arizona), hasta Turpan, en China; desde Licata, en Italia o la isla de Rodas en Grecia, hasta Figueres en España; desde Mar Chiquita en la argentina provincia de Córdoba, hasta la seca Montevideo o desde Riohacha, hasta la histórica y turística Cartagena de Indias en Colombia.
Un reportaje publicado por el diario El País (España), describe las calles de Phoenix (Arizona) -la quinta ciudad más grande de los Estados Unidos-, como una especie de desierto por donde nadie o casi nadie camina. Parece imposible transitar por una urbe bajo cuyo cielo la temperatura es de 43,3 grados y es muy probable, dicen los expertos, que pueda llegar hasta los 45 o 46 grados, si es que no llega mientras publicamos este reporte climático.

En Italia y Grecia se queman grandes extensiones de tierra y los incendios han ocasionado varias muertes. Foto: El País/España
No es distinta la vida, por estos días, en las italianas Licata (46,3 grados centígrados) y Roma (42 grados), o los sofocantes 45, 4 grados en Figueres, España.
Pero nada como en Turpan (China), donde sus habitantes han tenido que soportar temperaturas de 52,2 grados, una sensación térmica jamás vista en este gigante del continente asiático. Sin embargo, la alta temperatura en Turpan fue superada por los 53,3 grados que castigaron al Valle de la Muerte, en California, también por estos calurosos e inclementes días de julio.
Mirémonos en el espejo
Los efectos de este fenómeno, caracterizado por las temperaturas altas, son una terrible y lapidaria demostración de que algo muy serio está sucediendo y que el cambio climático es ya una fuerte amenaza para la supervivencia del planeta.
Mientras escribíamos este reportaje, los organismos de socorro griegos hacían grandes esfuerzos para evacuar más de 2.000 turistas afectados por los fuertes incendios que azotan la histórica, como turística isla de Rodas.
En Japón, las reseñas periodísticas y por redes sociales, indican que unas 3.500 personas han tenido que ser hospitalizadas por problemas de salud asociados a las elevadas temperaturas de estos días.
Las estadísticas en Tailandia tampoco nos favorecen. Las autoridades de este país informan que la tasa de mortalidad por efectos del comportamiento climático, es de 30 personas fallecidas por cada millón de habitantes. Y lo peor, la tendencia es al alza, no a la baja.
El domingo, 23 de julio, las autoridades de Turquía anunciaron que la ola de calor dejaba un saldo de 34 muertos. En Grecia, un avión que combatía los incendios se precipitó a tierra y dos pilotos y otra persona fallecieron porque cayeron en un área cubierta por las llamas.
En Sicilia (Italia), tres adultos mayores murieron a consecuencia de los incendios, producto de las elevadas temperaturas y la situación no era distinta en Francia, donde las llamas arrasaron con 130 hectáreas de vegetación, según el reporte de las autoridades ambientales. (Caracol Radio 26/07/2023).
El 27 de junio de este año, un adulto mayor que se movilizaba en taxi por Cartagena, se desmayó en el trayecto. El taxista lo llevó a urgencias de un hospital y el diagnóstico médico fue el siguiente: Muerte súbita por problemas asociados a las elevadas temperaturas de la ciudad.
En Mar Chiquita, en la provincia argentina de Córdoba, acaba de resurgir la ciudad de Miramar, que quedó cubierta por el agua en 1979. La ciudad turística que creció al lado de la laguna que los argentinos bautizaron como Mar Chiquita, desapareció por efectos de las fuertes lluvias y hoy, gracias a la sequía, consecuencia del cambio climático, resurge para mostrarnos sus ruinas. Es muy probable que la naturaleza nos esté alertando acerca de todo lo que nos espera, si no actuamos en cada comunidad y ahora mismo.
Los informes de prensa procedentes de Montevideo, la capital uruguaya, también son aterradores.

Montevideo (Uruguay), se halla literalmente seco desde hace dos meses. La población padece la sed más intensa. Foto: Prensa Latina
Desde hace dos meses, el embalse Paso Severino, que alimenta de agua potable a 1,8 millones de habitantes, se halla prácticamente seco.
Los montevideanos consumen agua salada porque escasea el agua dulce. Las ventas de agua embotellada se han disparado en la capital, y el gobierno del presidente Luis Lacalle Pou, tuvo que empezar a distribuir agua por litros para calmar la sed de los uruguayos que habitan en la capital del país.
Como vemos, el cambio climático nos deja ver sus efectos inmediatos: Incendios, altas temperaturas, sed, muerte y enfermedades asociadas al calor incesante. Y si no actuamos con la urgencia necesaria, la muerte por problemas asociados al cambio climático nos amenazará todos los días como una espada de Damocles cada vez más próxima a nuestro pescuezo.
La conclusión de los expertos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), no puede ser más desalentadora: “Si no actuamos ahora mismo, en el año 2045, es decir, dentro de 22 años, el planeta puede enfrentar un desplazamiento masivo que alcanzaría los 450 millones de personas, por efectos del cambio climático”.
Ya no serán, solamente, contingentes humanos de desplazados por el hambre o la imposibilidad de resolver las necesidades básicas, como sucede actualmente en Ruanda o en Sudán, incluso en Haití y en Nicaragua.
En mayo de este año, la ONU, a través de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), alertaba que las cifras ya alarmantes del hambre en el mundo, podrán empeorar por efecto del cambio climático. “La crisis climática y los conflictos regionales siguen empeorando las perspectivas alimentarias que hay para millones de personas “, señala el organismo. (Diario La República: 29 de mayo de 2023).
Serán grandes conglomerados humanos que se verán obligados a desplazarse como consecuencia de las inundaciones o por los incendios como sucede hoy en Grecia.
Otros huirán de las ciudades costeras porque el deshielo en el planeta incrementará el nivel del mar, amenazando poblaciones enteras. Ciudades colombianas como Cartagena, Barranquilla o Santa Marta, aparecen en ese hipotético escenario, con grandes posibilidades de convertirse en realidad.
National Geografhy, citando a la revista especializada The Criosphere (enero 2021), afirma que la Tierra ha perdido 28.000 millones de toneladas de hielo en las últimas tres décadas.
Habrá multitudes que se desplazarán desde lugares del planeta altamente contaminados, hacia otros sitios que sencillamente ofrezcan mejores condiciones para el elemental acto humano de respirar.
O simplemente huirán porque no soportan inclementes temperaturas como las que actualmente deben enfrentar en Turpan, Grecia, Figueres, Phoenix, Litaca y Roma o Cartagena de Indias. A este panorama sombrío nos enfrentamos.
Un museo para salvar el planeta
Afortunadamente, no todos están dispuestos a rendirse frente a esta, que parece ser la mayor amenaza que se cierne sobre la humanidad: El cambio climático.
En todo el corazón del denominado cerro capitular de La Judía, en el municipio de Floridablanca, en el departamento de Santander, fue construido el único Museo del Cambio Climático que existe en Suramérica.

Inspirado en el arquitecto Gaudí, el Museo del Cambio Climático se levanta a un lecho de la quebrada La Aurora en la vereda Alsacia de Floridablanca (Santander). Foto: MUCAF
A un lado de las aguas cristalinas de la quebrada La Aurora, rodeado de una espesa vegetación y acompañado por el ruido de los monos aulladores, se levanta una edificación de 1.000 metros cuadrados inspirada en el concepto arquitectónico de Gaudí. Los seis pisos del imponente museo, fueron diseñados para salvar al planeta de lo que parece una inminente catástrofe.

Médico oftalmólogo, Álvaro Niño, fundador del Museo del Cambio Climático de Floridablanca. Foto: MUCAF
Cada piso, según el criterio del fundador del Museo del Cambio Climático de Floridablanca (MUCAF), el médico oftalmólogo Álvaro Niño, es una oportunidad de encontrarnos con la realidad que estamos viviendo y con la cual nos vamos a enfrentar en el futuro inmediato, si no reaccionamos.
Video: El majestuoso Museo del Cambio Climático de Floridablanca (MUCAF), calificado como bien de patrimonio de Santander
De abajo, hacia arriba, cada sala del museo es una posibilidad “…para adquirir conciencia que los seres humanos actuamos como estúpidos destruyendo el único planeta que tenemos”, dice el oftalmólogo.
El museo utiliza obras de arte, personajes de películas alusivas al tema, carteles, fotografías, citas textuales, estadísticas, pensamientos de hombres como Albert Arnold Gore Jr. (Al Gore) o Greta Thunberg y muchos, muchos llamados de atención sobre la gran amenaza, pero también sobre la oportunidad que tenemos de salvarnos.

Así llegamos al Museo del Cambio Climático de Floridablanca. Foto: MUCAF
En la primera sala del museo, los visitantes hallarán la primera de muchas respuestas al drama que nos agobia hoy día en el planeta: “El 99% de los científicos, están de acuerdo en que detrás del cambio climático se halla el ser humano”. Con este enunciado, al menos sabemos quién es el culpable. Por lo mismo, sabemos quién puede detener la catástrofe.
La misma ONU advierte que hoy el mundo se está calentando más rápidamente que en cualquier otro momento de la historia y nos alerta sobre cuáles son las causas y los efectos.
La necesaria transición energética
Una de las salas del Museo del Cambio Climático, nos muestra que el 75% de las emisiones de gas de efecto invernadero y el 90% de las emisiones de dióxido de carbono, son generadas por el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas).
Otro dato: La industrialización y el sector manufacturero mundial, se alimentan de la quema de combustibles fósiles para producir cemento, hierro, acero, plásticos y muchos otros bienes.
Por esta misma razón, las organizaciones ambientalistas mundiales vienen discutiendo la necesidad de avanzar hacia la denominada transición energética.
El concepto fue parte de la agenda electoral en la campaña presidencial colombiana de 2022 y fue, precisamente, el hoy presidente Gustavo Petro, quien se encargó de socializar la estrategia. En la plaza pública, el entonces candidato hablaba de la urgente necesidad de descarbonizar la economía, si queremos garantizar la subsistencia del planeta.
Transición energética, descarbonizar la economía, pasar de los combustibles fósiles y las energías sucias a las energías limpias, son los grandes retos de la humanidad. Y como es el hombre el que ha llevado al planeta a esta situación de alarma, es el hombre el único que puede detener la tragedia y empezar a cuidar el planeta.
Electrificar el transporte
En la reciente cumbre de la Unión Europea y la CELAC -que tuvo como sede a Bruselas-, el presidente Gustavo Petro habló también de la necesidad urgente de electrificar el transporte.
Este concepto también necesita ser socializado con urgencia, porque el Museo del Cambio Climático de Floridablanca nos recuerda que, en un altísimo porcentaje, el transporte mundial se mueve a base de combustibles fósiles. Por lo tanto, es el transporte un gran generador de gases de efecto invernadero. Si agregamos que la producción de alimentos produce altas emisiones de metano y dióxido de carbono, el panorama se nos hace más sombrío.
Pero la electrificación del transporte nos genera otro reto: Actualmente, solo una cuarta parte de la electricidad proviene de fuentes renovables (eólicas), sobre todo. Las tres cuartas partes de la electricidad proviene de los combustibles fósiles. La humanidad debe cambiar con urgencia la forma de generar electricidad, para que esta nos ayude a mover el transporte, uno de los grandes contaminantes del planeta.
Detener la minería y la tala de boques
El Museo del Cambio Climático nos coloca frente a otra realidad: La minería no solo contamina las aguas, sino que libera gases.
Detener la explotación minera, como lo han hecho los santandereanos en el páramo de Santurbán, es un imperativo. La movilización social, en este caso, ha resultado, porque existe plena consciencia que del páramo brota el agua que alimenta a 3 millones de personas en 30 municipios de dos departamentos: Santander y Norte de Santander. El grito de guerra de los defensores del páramo y el agua ha calado hondo en quienes habitan esta parte del territorio colombiano y debería servir de ejemplo para otras comunidades: ¡Agua si, oro no!
En una de las salas del Museo del Cambio Climático de Floridablanca, se nos recuerda -como lo hacen los grupos ambientalistas-, que la lucha contra el cambio climático pasa por detener la tala de los bosques.
Las cifras acerca de este problema también son alarmantes. Cada año, el hombre destruye 12 millones de hectáreas de bosque y los bosques tienen la capacidad de absorber el dióxido de carbono. Acabar con estas reservas vegetales, “…significa acabar con la capacidad de la naturaleza para mantener las emisiones fuera de la atmósfera”, dicen los especialistas.
La sala de la esperanza remota
Finalmente, el Museo del Cambio Climático nos conduce a un área denominada la sala de la esperanza remota.

Una vista interna del MUCAF. Foto: El Tiempo
El propio fundador del Museo define lo que vamos a encontrar en esta sala: “Si bien es cierto que es mucho el daño que el hombre le ha ocasionado al planeta, también lo es que no todo está perdido. Por eso hablamos de la esperanza remota”.
En esta sala solo hay espacio para lo que puede salvarnos: La educación ambiental. Y pasa, por tener consciencia del daño que hemos hecho y prepararnos para detenerlo y recuperar el tiempo.
La educación, los valores humanos cónsonos con la vida, la supervivencia, la salvación, la responsabilidad para con las generaciones futuras y con nosotros mismos, el derecho a respirar tranquilos, la posibilidad de caminar por nuestras ciudades sin huir de las elevadas temperaturas y la seguridad de que no nos vamos a morir producto de una inundación o, al contrario, producto de la sequía, todo ello tiene que ver con la esperanza remota de salvarnos.
Solo la educación ambiental y los valores humanos cónsonos con la vida -nos dice esta sala- es lo que nos va a garantizar que no seremos parte de los 450 millones de desplazados producto del cambio climático. Para ello, estamos obligados a actuar éticamente, porque debe ser un comportamiento ético luchar por garantizar la vida de los seres humanos, de los animales y las plantas. Este es el dilema en que se debate la humanidad actual.
Retos del desarrollo sostenible
En la misma sala de la esperanza remota, el Museo del Cambio Climático de Floridablanca nos recuerda que solo si asumimos el desarrollo sostenible como el camino que debemos recorrer, podemos empezar a pensar en salvar el planeta.
Como lo asume la ONU, en el Museo hallamos que los retos del ser humano son gigantescos: Luchar contra el cambio climático, la escasez de agua, la desigualdad y el hambre entre muchos otros problemas.
Pero igual nos dice que estos y otros dilemas, solo será posible superarlos asimilando y asumiendo el desarrollo sostenible, entendido como la necesidad humana de avanzar hacia el desarrollo, pero garantizando la sostenibilidad del planeta. Es decir, crecer sin poner en riesgo la naturaleza y el ambiente, garantizando el espacio y la vida de las generaciones futuras.
Justo allí, hallamos los 17 objetivos del desarrollo sostenible (ODS) que nos colocó la ONU como tarea ineludible para el 2030, haciendo énfasis en tareas como la sostenibilidad social, la sostenibilidad ambiental y la sostenibilidad económica.
A propósito de la sostenibilidad ambiental, el Museo del Cambio Climático de Floridablanca nos recuerda que la naturaleza no es una fuente inagotable de recursos y que, por lo mismo, es necesario velar por su protección y uso racional.
Unos carteles movibles, nos enseñan que conservar el medio ambiente, pasa necesariamente por invertir en energías renovables, ahorrar el agua y garantizar la movilidad y una arquitectura sostenibles, entre otras tareas que no admiten demora.
Cuando el Museo aborda la sostenibilidad económica, coloca al visitante en la tarea de pensar que es un compromiso urgente promover e impulsar el desarrollo económico generando riqueza, pero sin perjudicar los recursos naturales. En otras palabras, se trata de asumir el reto de crecer económicamente, garantizando el desarrollo completo y a largo plazo.
Como también nos lo recuerdan las Naciones Unidas y los expertos, “…el compromiso gigantesco de la humanidad consiste en garantizar que todas las personas tengan las mismas oportunidades y puedan llevar una vida mejor, sin comprometer el futuro del planeta”, como lo estamos haciendo actualmente.
A propósito del desarrollo sostenible, nos encontramos con otro concepto no menos trascedente y significativo: el futuro sostenible. Entenderlo, implica saber cómo funciona la naturaleza y cómo la afectan las decisiones que adoptemos desde lo público y desde lo privado.
-Estamos condicionados por los cambios que enfrentan los ecosistemas, de los cuales depende nuestra economía y bienestar, nos dice el Museo del Cambio Climático, nos lo dice la ONU, nos lo dicen los ambientalistas y los académicos.
Finalmente -y como mandato casi obligante-, casi imprescindible, nos urge resolver asuntos vitales como la producción, el acceso a los alimentos, el control de la contaminación, la gestión del clima y la conservación de la biodiversidad, entre otros. No resulta por tanto exagerado, afirmar que de ello depende nuestra supervivencia.
Bienvenidos al Museo del Cambio Climático de Floridablanca. Bienvenidos a la esperanza de sobrevivir.
