Misal Salazar F./Gerardo Castro Pérez
Desde esta tribuna (Ciudad Florida), aún novel dentro del contexto amplísimo y rico del periodismo colombiano, saludamos con afecto y cariño a todas las voces y expresiones del periodismo que acompañan el cotidiano transcurrir desde la Colombia urbana hasta la Colombia más profunda.
Esta tierra, prodigiosa por los cuatros costados, no sería la misma si sus historias, traumas, complejidades y hazañas, no tuvieran cerca una pluma, un micrófono, una cámara, un dispositivo celular, una libreta o la memoria siempre atenta de periodistas y comunicadores populares que le dan vida al ejercicio diario de la existencia.
Es por los periodistas que sabemos que el mundo existe más allá de nuestros límites cercanos o lejanos. Es por ellos que asumimos con conciencia que estamos rodeados de guerras y conflictos, pero también de luchas individuales y colectivas que le dan sentido al ejercicio humano de mantenernos erguidos celebrando la vida por encima de la muerte.
En Colombia sabemos lo duro y difícil que ha resultado hacer periodismo en medio de una desgarradora violencia que lleva impresa el logo del Estado, ya porque la patrocina, ya porque la permite de manera impune.
Y en el marco de esa violencia, muchos periodistas han hallado la muerte. Los han matado las balas asesinas del narcotráfico o las balas del paramilitarismo o las balas de la insurgencia o las balas del Estado.
Pero han muerto haciendo periodismo como le ocurrió al checo Julius Fucik, periodista asesinado por los nazis en plena guerra mundial. Por eso es que en el planeta se celebra el día del periodista el 8 de septiembre. Ese fue el día que acabaron con la vida de Fucik, como en Colombia, en 1986, acabaron los sicarios con la vida de Guillermo Cano, como han acabado con muchos otros periodistas. El caso más reciente y vergonzoso es el de un periodista en el departamento de Bolívar que fue asesinado en su propia cabina de transmisión.
Aun así, con una lista tan larga de periodistas caídos en Gaza, en Ucrania, en México, en Centroamérica y en la Colombia nuestra, es justo que celebremos este día.
En Colombia se escogió el 9 de febrero para celebrar el día del periodista, porque en un día como hoy, en 1.791, apareció en Santa Fe de Bogotá, Papel Periódico, el primer periódico, fruto del trabajo del cubano Manuel del Socorro Rodríguez.
Y porque en 1945, un grupo de periodistas de Bogotá acordó conformar una especie de agremiación que los cobijara y les sirviera de apoyo mutuo. Esa es la génesis del Colegio Nacional de Periodistas, que se concretó en 1957.
Y porque en 1975, a través de la Ley 51 de ese año, quedó establecido que el 9 de febrero, se celebre en el país el Día Nacional del Periodista.
Colombia enfrenta hoy día una situación no menos difícil y dura que la de épocas recientes.
Nos convoca, entonces, la necesidad de continuar ejerciendo un periodismo serio, con altura ética, con el compromiso de la libertad y el ejercicio ciudadano, recurriendo a ese axioma que parece banal pero que resulta necesario: El periodismo debe ser el responsable de alabar lo que resulte necesario alabar, y cuestionar todo lo que éticamente resulte necesario cuestionar.
Recordando que estas son las premisas que deben guiar nuestro accionar diario, Ciudad Florida saluda efusivamente a todos los periodistas colombianos y en especial a los periodistas santandereanos, con quienes a diario nos tropezamos en la calle o en las redes sociales o en el recuerdo.
¡Salud para todos!
