Martín Parra
La Iglesia católica en Santander inicia una nueva etapa. El papa Papa León XIV nombró como nuevo arzobispo metropolitano de la Arquidiócesis de Bucaramanga a monseñor Luis Augusto Campos Flórez, hasta ahora obispo de la Diócesis de Socorro y San Gil.
Su llegada marca el relevo de monseñor Ismael Rueda Sierra, quien estuvo al frente de la arquidiócesis desde 2009 y presentó su renuncia al cumplir 75 años, como lo establece el derecho canónico.
Pero más allá del anuncio oficial, ¿quién es el nuevo arzobispo que asumirá el liderazgo pastoral en una de las jurisdicciones eclesiales más dinámicas del oriente colombiano?
Formación sólida y experiencia urbana
Nacido en Bogotá el 23 de agosto de 1958, Luis Augusto Campos Flórez fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1982 por el cardenal Aníbal Muñoz Duque, quedando incardinado en la Arquidiócesis de Bogotá.
Su formación académica incluye licenciatura en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, y estudios en el Instituto Católico de París, lo que le otorgó una base intelectual amplia, particularmente en el campo del pensamiento filosófico.
Durante su ministerio sacerdotal desempeñó responsabilidades pastorales y formativas relevantes: fue formador, profesor y rector del Seminario Mayor de San José en Bogotá entre 2004 y 2010, además de párroco y vicario episcopal territorial. Su trayectoria combina gobierno, docencia y trabajo directo con comunidades parroquiales.
En diciembre de 2019 fue nombrado obispo de Socorro y San Gil por el papa Francisco, y recibió la ordenación episcopal en febrero de 2020, semanas antes del inicio de la pandemia.
Un episcopado marcado por la pandemia y la cercanía
En su rueda de prensa tras conocerse el nombramiento, Campos recordó que su llegada a Socorro y San Gil coincidió con uno de los momentos más complejos de la historia reciente: la emergencia sanitaria por COVID-19.
Ese contexto lo llevó a fortalecer el acompañamiento virtual, la coordinación con sacerdotes y laicos, y un estilo pastoral centrado en la cercanía. También acompañó el cierre de un proceso pastoral diocesano de más de tres décadas, considerado pionero en Colombia.
“Privilegié mucho la cercanía, el encuentro con las personas y con los sacerdotes”, señaló al hacer balance de sus seis años en esa jurisdicción.
Prudencia ante los retos de Bucaramanga
Frente a los desafíos sociales que enfrenta el área metropolitana —como el desplazamiento, el microtráfico o la drogadicción— el nuevo arzobispo adoptó una postura prudente.
Afirmó que primero escuchará y conocerá la realidad concreta antes de anunciar líneas de acción. “Sería prematuro decir qué voy a hacer sin llegar, sin conocer lo que ya está en marcha”, expresó.
Su experiencia previa en Bogotá, una arquidiócesis de fuerte configuración urbana, podría facilitar la transición hacia Bucaramanga, que hoy cuenta con 113 parroquias y cerca de 170 sacerdotes en una estructura mayoritariamente citadina.
Diálogo, ciudadanía y bien común
Uno de los ejes reiterados en sus declaraciones fue la necesidad de fortalecer el diálogo y superar polarizaciones.
Hizo un llamado a gestionar las diferencias sin caer en ideologizaciones, a construir consensos y a pensar en el bien común por encima de intereses particulares. En contexto electoral, invitó a ejercer un voto informado, responsable y libre de presiones.
También dedicó un mensaje especial a los jóvenes, animándolos a crecer en humanidad, libertad interior y claridad en su proyecto de vida.
La transición
Monseñor Campos tomará posesión como arzobispo el próximo 18 de abril. Hasta entonces continuará al frente de la Diócesis de Socorro y San Gil como administrador. Tras su salida, esa jurisdicción entrará en sede vacante mientras se designa un nuevo obispo o un administrador diocesano.
Con su nombramiento, la Iglesia en Bucaramanga inicia un nuevo capítulo. La expectativa se centra ahora en cómo su experiencia formativa, su énfasis en la sinodalidad y su estilo de gobierno basado en la escucha marcarán la hoja de ruta pastoral de la región en los próximos años.
